Hablando de drogas (El alcohol)

En esta ocasión hablaremos de la droga legal más consumida entre los escolares, el alcohol, sobre la cual se ha registrado un despunte, a expensas de los más jóvenes (14-15 años), de un 83, 9 % que declara que ha consumido alcohol alguna vez. La proporción de consumidores actuales, es decir, consumo en los últimos 30 días, es del 74%. La edad media de inicio del consumo en población escolar , se sitúa en los 13,9 años. Si bien es cierto que los chicos consumen más drogas ilegales que las chicas, estas, consumen más alcohol, en concreto, el 82,9 % lo han hecho en los últimos 12 meses frente al 80,9& de los chicos.
El alcohol, es la droga con mayor impacto en nuestra sociedad, pues el alcohol está implicado en la mitad de los delitos del país, en intentos de suicidios, agresiones y violaciones y muchos homicidios son cometidos por personas que están bajo sus efectos.
Se han intentado minimizar sus consecuencias desde 1700 a.c. , cuando el Código de Hammurabia intentó regular las casas de bebida en Babilonia. Los romanos en el siglo I ya intentaron reducir la producción de uva, se eliminaron viñas y aumentó la plantación de cereales. Tres siglos después, Amminanus Marcelinus castigaba y exhibía a todos aquellos que se excedían con la bebida.
Pero cualquier prohibición de este tipo propició la organización de bandas y redes de contrabando que abastecieron de licor a una sociedad adicta.
Químicamente, el alcohol que bebemos pertenece a la familia farmacológica de depresores del sistema nervioso. Actualmente la mayoría de los bebedores de alcohol se agrupan en bebedores de cerveza, de vino, o de licores destilados.
El alcohol posee un efecto depresor, es un tranquilizante de acción intermedia con algunas características especiales: sus calorías son “vacias” pues carece de vitaminas minerales o proteínas y se requiere de cantidades importantes para alcanzar el efecto deseado, por lo que el gran volumen que se debe consumir es lo que hace al alcohol tan tóxico para el hígado, páncreas, corazón y cerebro.
Pequeñas cantidades disminuyen la ansiedad, mayores dosis producen desinhibición, disminución de la consciencia, pérdida de coordinación y la manifestación de emociones normalmente reprimidas como los sentimientos de agresividad, remordimiento o tristeza. El impacto de la desinhibición dependerá de las condiciones mentales del sujeto y de las circunstancias ambientales.
Con frecuencia se produce toxicidad conductual como resultado de la disminución del nivel de conciencia, juicio y coordinación que puede dar lugar a accidentes de coche, incendios, caídas y muertes por ahogamiento.
La diferencia entre alcohol y otros depresores es la gran variedad de efectos que produce sobre el organismo. Así produce vaso dilatación, dando lugar a la alteración de la frecuencia cardíaca, sensación de calor en la piel que se acompaña de enfriamiento en el organismo. Pequeñas dosis aumentan la frecuencia respiratoria, estimulan el apetito (aunque es frecuente la desnutrición en los alcohólicos debido a que obtienen la mitad de las calorías del alcohol), y aumenta la producción de ácidos en el estomago. A dosis mayores aparece una respuesta depresora y enlentecimiento respiratorio, irrita la mucosa gástrica produciendo úlcera péptica. La sequedad de la boca que aparece en la resaca es debido a su efecto diurético, aumenta la producción de orina, con pérdida de líquido por parte del organismo que puede dar lugar a un desajuste importante.
Crea dependencia física y psicológica. Bebedores crónicos tienen que beber más cantidad para lograr la desinhibición que al principio alcanzaban con pequeñas dosis. A medida que progresa el consumo se lesiona el hígado y esta tolerancia puede invertirse. Bastará una menor cantidad de alcohol para lograr efectos indeseables y se progresa hacia la intoxicación. Antes de producirse la lesión hepática del hígado adquiere tolerancia metabolizando más rápido las grandes cantidades de alcohol.
Las principales formas en las que afecta a la conducta son: delitos, actos de violencia y autodestrucción, accidentes y agresiones en que se ven envueltos los bebedores excesivos.
La resaca incluye efectos rebote tales como la fatiga, el dolor de cabeza, mareo, náuseas y vómitos. Además sed intensa e incluso deshidratación así como trastornos del sueño.
La sobredosis es igual que en depresores, pero con mayor margen entre las dosis anestésicas y las letales. Una cantidad suficientemente elevada puede provocar la muerte por depresión respiratoria o por shock.
Los efectos a largo plazo a menudo se ven agravados por la desnutrición y son los que colocan en una situación comprometedora al bebedor de alto riesgo. El consumo prolongado junto con la deficiencia en vitamina B da lugar a alteraciones neurológicas y mentales severas y diversas. El tejido nervioso es destruido a la vez que se acelera el envejecimiento. Resultado de esto es el deterioro del juicio, pérdida de memoria e incapacidad de concentrarse. Tras años de deterioro puede poner de manifiesto alteraciones motoras tales como un habla enlentecida y una conducta semejante a la ebriedad sin haber bebido. Algunos de los efectos neurológicos son reversibles (por ejemplo la visión doble) mientras que otros no se vuelven a recuperar (por ejemplo la memoria). Además puede aparecer atrofia cerebral, es decir, muerte de células nerviosas que son irremplazables y lógicamente irreversible.
El hígado también se ve afectado a pesar de la puesta en marcha de los mecanismos de protección. Puede recuperarse si se está en un primer grado de afección hepática por alcohol pero no lo hará si se progresa hasta la hepatitis alcohólica. Las células del hígado se reemplazan por fibras, limitando la capacidad funcional y metabólica del mismo que en su extremo se llega a cirrosis (el organismo se deforma totalmente). La muerte se debe a dificultades de circulación de la sangre en el hígado y a la facilidad con que se producen hemorragias internas. También por intensa anemia o por dificultades de coagulación.
El páncreas también se ve perjudicado, dando lugar a la pancreatitis crónica (déficit de encimas digestivos y de insulina). También es frecuente en los alcohólicos el sangrado y la inflamación de las encías así como la inflamación de las glándulas salivares.
También se encuentra una tendencia a la obesidad por consumir muchas calorías poco nutricionales y una disposición a sufrir alteraciones inmunológicas que aumentan la vulnerabilidad a las infecciones.
El alcohol contribuye a aumentar la mortalidad por enfermedad coronaria y por cáncer. Parece probable que su consumo continuado sea un estímulo para el crecimiento de tumores y más todavía si fuman.
En el embarazo aumenta el riesgo de malformaciones fetales, dando lugar a un retraso en el desarrollo, alteraciones cardíacas, defectos en los pulmones, en los órganos sexuales y en la configuración cráneofacial, apareciendo lo que se conoce como el síndrome alcohólico-fetal.
No sé a vosotros, pero a mí, tras leer esto, me parece sorprendente cuán habituados estamos a introducir el alcohol en prácticamente nuestro día a día, y no solo esto, sino también el fácil acceso que tenemos a él no solo adultos, sino también adolescentes pese a las restricciones legales que se pretenden llevar a cabo pero no se acaban cumpliendo.

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