LA DEPENDENCIA DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

La aparición de las nuevas tecnologías en nuestro día a día ha dejado de ser el futuro para pasar a formar parte de nuestro presente más inmediato. No hay un solo día en el que no hagamos uso de ellas en mayor o menor medida, pues sus ventajas son muy numerosas. No solo se han convertido para muchos en herramientas indispensables de trabajo o comunicación, sino que además, nos ayudan a acceder a una cantidad ilimitada de información, abriéndonos las puertas a un mundo todavía hoy desconocido para algunos, el fascinante mundo de internet.

Y aunque los beneficios han de pesar más que las desventajas, para muchos padres y madres, tecnología e internet han formado alianza en su contra. Y lo han hecho en forma de tablets y móviles para convertirse en su peor pesadilla y motivo de disputa familiar en más de una ocasión. Esto hace que, llegados a un punto “extremo” muchos padres se pregunten, ¿está mi hijo enganchado al móvil?, ¿existe una ciberdependencia?.

Para obtener la respuesta, pensemos en una persona dependiente de alguna sustancia: alcohol, nicotina o canabis, por ejemplo. Esta persona, poco a poco ha ido aumentando el consumo necesario para obtener satisfacción del mismo, pues su cuerpo ha creado cierta tolerancia a la sustancia, por lo que cada vez le costará mas obtener el placer deseado. Asimismo, cuando su consumo se ve interrumpido o no puede acceder a él, esta situación le genera estados emocionales negativos, ansiedad, ira, agresividad,tristeza… y parece que únicamente conseguirá aliviarlo a través del consumo. Todo esto, puede dar lugar al deterioro de su rendimiento laboral o incumplimiento de obligaciones. Por otra parte, en una persona dependiente , el consumo de ciertas sustancias puede llegar a afectar a sus relaciones tanto sociales como familiares, pues escogerá aquellos círculos en los que se le consienta continuar con su conducta, además de llegar a mentir sobre la frecuencia y cantidad de consumo. Pese a todas estas consecuencias negativas la persona dependiente continúa consumiendo.

Y ahora, ¿que ocurre si cambiamos las sustancias por tablet, móvil u ordenador?. ¿Y si en lugar de consumo hablamos de tiempo delante de las mismas?. ¿Acaso no son los berrinches, gritos y pataletas reflejos de emociones negativas?. Y cuando, en lugar de recoger su cuarto o estudiar, se opta por whatssapear o jugar con la tablet, ¿está cumpliendo con sus obligaciones?, ¿influenciará esto en su rendimiento escolar? ¿crees que nunca ha estado en facebook cuando creías que buscaba información para un trabajo?, ¿acaso la respuesta al problema nunca ha sido ¡ni se te ocurra quitarme el móvil!?.

¡Exacto!, SÍ, puede darse una dependencia a las nuevas tecnologías, como si de una droga se tratase. Salvando las diferencias entre unas y otras, pero siempre teniendo en cuenta el riesgo que existe en el uso de las denominadas TICs, y la importancia de fomentar un uso limitado y responsable de las mismas. Una vez conseguido esto, tanto mayores como pequeños podrán disfrutar de las innumerables ventajas que estas nos ofrecen, pues las nuevas tecnologías son lo que son, ni juguetes, ni objetos extraterrestres. Disfrutémoslas en su justa medida.

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